La "muchacha" se encontraba parada frente al espejo con la mirada absorta en un reflejo que, desde nuestra perspectiva, se ve bastante borroso. Podríamos ponernos filosóficos y preguntar ¿Puede ella decir que reconoce a quién tiene delante? Podríamos entonces escuchar un enérgico "¡Por supuesto!" como su respuesta, si acaso nos importase preguntarle a ella. Para más detalle, seguramente nos encontraríamos con algo muy similar a ¿quién mejor que una para conocerse asimisma?. Frase que en los últimos días afirmaba con seguridad a todo el que estuviera dispuesto a escucharla. Para ser sinceros, ocasionalmente, también forzaba a los que no tenían interés alguno en hacerlo.
Sin embargo...
La vida continuaba, la rutina se veía adornada con coloridas sorpresas, los planes crecían, los pequeños (y algunos grandes también, por qué no decirlo?) placeres de la vida estaban al alcance de su mano. Aún así, cuando el mundo se callaba y se encontraba conversando mentalmente consigo misma, aparecía la insinuación de una arruga en su entrecejo. ¡Eso era! eso era lo que sobraba en su reflejo, la expresión sombría que a segundos invadía su ser. Nuestra muchacha sacudió la cabeza. Era ridículo pensar así: nada estaba mal, NADA. Esta sería una buena noche, eso era todo lo que importaba hoy. Eso y estar bonita. Hoy era su noche.
Y también la de su sombra.

